Los capos de los frentes de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) que suscribieron los acuerdos de paz de Ralito con el Gobierno del presidente Álvaro Uribe, acuden a las audiencias generalmente con arrogancia e incluso toques de cinismo. Una vez allí, argumentan haber perdido la memoria y no recordar la cantidad de personas que ordenaron matar o ejecutaron personalmente.
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Marcha organizada por Madres de la Candelaria
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El dolor, una constante
Juan González, jefe de la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía General de la Nación, declaró a Radio Nederland que no se atreve a dar una cifra concluyente, pero considera probable la de 20 mil, si se tienen en cuenta los hallazgos de fosas comunes regadas por toda la geografía colombiana. Las pesquisas están a cargo de seis equipos regionales que, a su vez, se ramifican en grupos zonales integrados por juristas, médicos forenses y antropólogos, y, con frecuencia, familiares y vecinos del lugar que vencen el miedo y ofrecen pistas para encontrar los restos.
Gonzáles narra que, para mediados de año, sus investigadores habían encontrado 850 cadáveres y que espera que aumenten la colaboración y la información para que los familiares de las víctimas puedan acudir a la Fiscalía y contribuir a las pesquisas. "En toda Colombia, en cada capital, hay un grupo de NN y desaparecidos. Pueden ir allá para que vean en la página web qué ha pasado en la zona, y relaten su caso y den pistas," precisó el funcionario.
RN.- Desde el punto de vista del efecto que este proceso tiene para las víctimas y su entorno, ¿se puede hablar de una catarsis nacional?.
JG.- El tema de las víctimas es el más delicado e importante y merece la máxima atención. Está construido con la Ley 975 de Justicia y Paz, pensando en ellas, pues sin víctima no hay proceso. El dolor es la constante. Se encuentran víctimas que ya han escuchado de boca de los perpetradores el daño que les causaron. En Medellín, por ejemplo, familiares de las víctimas escucharon a perpetradores que confesaron haber dado muerte a sus madres, hermanas, tías u otros familiares. El impacto ha sido enorme, porque muchos aún confiaban hallarlos vivos, y se resisten a aceptar que su pariente fue descuartizado, despellejado y tirado a un río. ¿Y por qué? Porque algún familiar cercano lo denunció como guerrillero. Son verdades sumamente dolorosas.
Pese a que la Verdad, justicia y reparación que ofrece la ley, es precaria según organismos como la Comisión Colombiana de Juristas que hace seguimiento al proceso., el fiscal Gonzáles afirma que nunca antes el Estado hizo esfuerzos tan grandes por develar la verdad y apoyar procesos que conduzcan a condenas. No obstante, admite que todo parece insuficiente ante la estela de barbarie que asoma con cada exhumación o nueva pista. A este respecto, agrega que, en el proceso derivado de la desmovilización paramilitar, mayoritariamente se hallan restos de personas asesinadas por esos frentes, pero también víctimas de la guerrilla de las FARC, por ejemplo en el departamento de Cundinamarca, en cuya jurisdicción está Bogotá.
Las víctimas
Víctimas de uno y otro bando, se agrupan en la Asociación de Madres de La Candelaria, creada en 1998, cuya portavoz es Teresita Gaviria. Ella lidera concentraciones y movilizaciones frente a la sede de las audiencias que se llevan a cabo, principalmente en Medellín y Barranquilla, epicentros de los feudos de poder económico y político forjado por los paramilitares en inimaginables episodios de crueldad y sevicia.
La señora Gaviria declaró a Radio Nederland que las víctimas deben organizarse para emprender cruzadas por la verdad y la reparación, pues sólo así serán consecuentes con su causa. "Creo que las víctimas tienen que hablar por ellas mismas porque... ¿quién va a saber qué le pasó a mi hijo? ¿O qué le pasó al hijo del vecino? ¡No señora! Somos nosotras mismas que tenemos que reconocer nuestro propio dolor," insiste.
RN.- ¿Qué le pasó a su hijo?
TG.- Mi hijo desapareció el 5 de enero de 1998. Venía para Bogotá y en La Dorada fue retenido por un grupo de individuos del grupo de don Ramón Isaza. Como dije anteriormente, tenía muchas esperanzas que de pronto estuviera con vida. Pero, desafortunadamente, con las versiones que está rindiendo don Ramón Isaza lo veo difícil, pues ha admitido que dio muerte a más de 800 personas, y entre ellas puede estar mi hijo".
Éste es apenas uno de miles y miles testimonios, porque la mayoría es silenciada por el miedo, por el temor incubado en décadas de una impunidad que aún no está completamente despejada. Los recursos económicos y humanos resultan insuficientes.
El horror de cada día
En tanto, el país recibe su cuota diaria de horror, dosificada desde las audiencias de los jefes paramilitares o desde las páginas rojas de los diarios. Basta una noticia reciente para dar idea de las dimensiones alcanzadas por las AUC. En Barranquilla, ciudad a la que viajó para quitarse un tatuaje de la Virgen del Carmen que lo hacía inconfundible, fue capturado Juan Carlos de la Cruz. El apodado 'El profe', era instructor de descuartizamiento de una 'escuela' de las Autodefensas que estaba al mando de Juan Carlos Jiménez, alias ´Macaco´, un líder paramilitar desmovilizado que ahora, bajo cargos de narcotráfico está preso en alta mar, a la espera de su extradición a Estados Unidos.
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