La reanudación de fumigaciones con glifosato en el límite de la frontera de Colombia con Ecuador emprendida por el Gobierno colombiano para erradicar los cultivos de coca ha desatado una serie de reclamos en Ecuador. ¿Se trata de una prueba de fuerza del presidente Álvaro Uribe frente al presidente electo Rafael Correa?
Hace cuatro días, Rafael Correa dijo que Colombia tendrá que "erradicar a pie" los cultivos ilegales que se encuentren en la zona limítrofe. Correa ha manifestado su oposición a las fumigaciones aéreas con glifosato por el daño que provocan a los seres humanos que residen en la zona, razón por la cual las ha calificado de "terribles".
A renglón seguido, la Policía Antinarcóticos de Colombia ha reiniciado las fumigaciones. Según el general Jorge Barón, director de esta institución, las fumigaciones se están realizando respetando una franja de 100 metros del límite fronterizo, lo que iría en contra del acuerdo de respetar una franja de 10 kilómetros. Las autoridades colombianas dicen que durante 10 meses, tiempo en el que a pedido del gobierno del Ecuador se dejó de fumigar en ese espacio de territorio, se ha incrementado el cultivo de coca en 10.000 hectáreas.
¿Las declaraciones de Correa fueron apresuradas?
Un primer elemento que habría que analizar es si las expresiones del presidente electo de Ecuador fueron inapropiadas. Según el doctor Adrián Bonilla, Director de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO, las declaraciones de Correa responden a la dificultad que representa para un personaje que ha sido electo, pero que todavía no toma posición de la Presidencia, distinguir entre lo que es en ese momento y lo que será a partir de que asuma el cargo.
Más allá de ello, Bonilla piensa que se trata de dos tendencias internacionales que están tomando posiciones en circunstancias en que, por razones de carácter ideológico, mantienen mutuas desconfianzas. "Yo me imagino que en algún momento los dos presidentes conversarán y encontrarán mecanismos para reestablecer la confianza entre los dos países, como se ha hecho en el pasado. El presidente Uribe no tuvo problemas de dialogar con sus vecinos de Venezuela, a pesar de las grandes distancias".
Un hecho político para negociar
De cualquier forma, para Bonilla la fumigación en la frontera es un hecho de carácter político y es un elemento de negociación por parte del gobierno colombiano.
En su opinión, el interés del gobierno colombiano es asegurar que el gobierno ecuatoriano tenga una actitud que no suponga un apoyo a las organizaciones armadas ilegales. A cambio de eso, el gobierno colombiano reanudaría todas las actividades normales que a lo mejor incluirían la suspensión de las fumigaciones.
¿Una cortina de humo de Uribe?
A la pregunta de si las fumigaciones en la frontera serían una cortina de humo para tapar las denuncias de vinculación de diputados oficialistas con sectores paramilitares en Colombia, Bonilla cree que los dos escenarios son demasiado distantes. Además, considera que una tensión con Ecuador no es lo suficientemente importante en Colombia como para ocultar la dimensión de dicha crisis política.
Si el hecho no es de gran importancia en Colombia, ¿por qué se le está dando tanto valor en Ecuador? Adrián Bonilla cree que se debe a que no es un gesto amistoso con el nuevo presidente, y a que es una medida de presión que se realiza por razones políticas y no por razones técnicas.
El caso ha motivado que el ministro de Relaciones Exteriores del Ecuador, Francisco Carrión, anuncie que enviará un reclamo diplomático al gobierno colombiano. Mientras tanto, la ministra de Relaciones Exteriores de Colombia, María Consuelo Araujo, pidió comprensión al gobierno del Ecuador y expresó que se trata de una acción en la lucha por erradicar los cultivos ilícitos.
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