El padre de la familia continúa acumulando causas judiciales en su contra. La más reciente es la de la Corte de Apelaciones de Santiago que lo ha desaforado para procesarlo por secuestros y torturas cometidas en la Villa Grimaldi. Se trata de 36 desapariciones y el martirio de 23 opositores.
El resto del clan está involucrado en acusaciones de evasión tributaria. La madre, Lucia Hiriart por 638 mil euros, la hija mayor, Inés Lucía por 742 mil euros, Marco Antonio, Jacqueline y Verónica por cifras algo menores. La mayoría carga con la agravante de adulteración de pasaporte. Familiares cercanos, albaceas y secretarías completan el cuadro de los implicados.
La defensa ha recurrido al argumento de la justicia discriminatoria y de la persecución familiar. Es el intento de convencer transformando a los acusados en víctimas. Por eso se presenta al general Pinochet como un hombre senil que ya no se da cuenta de lo que ocurre a su alrededor y que los únicos momentos de dicha son aquellos en los que se ve rodeado de sus nietos y bisnietos. Es decir, un pobre viejecito al que habría que dejar en paz en sus últimos años de vida. Sin embargo, este anciano de 90 años es el máximo responsable de crímenes que no proscriben, de delitos que han manchado de sangre varias páginas de la historia de Chile. Y lo peor para sus partidarios es que esa imagen de hombre duro pero probo, que tanto les ha costado construir, se ha desplomado.
Lo de la justicia discriminatoria lo ha tratado de enfatizar la hija del general Pinochet cuando dice que: "la justicia aquí para uno es para un lado y para otros diferente". Juicio curioso el de la hija de un ex dictador que puso a la justicia a su disposición y privó a la disidencia de cualquier consideración jurídica. Hoy, que Chile exhibe un proceso democratizador exitoso mantiene estrictamente la separación de los poderes del Estado, y el presidente Ricardo Lagos se ha encargado, eso sí, de remarcar un principio sin el cual no funciona un sistema de libertades: "nadie está por sobre la ley, todos somos iguales ante la ley".
Lo cierto es que todas estas diligencias judiciales despiertan poco interés entre la población chilena, más preocupada a esta hora por el futuro gobierno de Michelle Bachelet y del tiempo de vacaciones. La casi indiferencia ciudadana ha tenido un leve sobresalto con el periplo de la hija mayor de Pinochet, Inés Lucía, quien primero viajó por tierra a Mendoza y luego a Estados Unidos, en donde pidió asilo político en una maniobra, de que haber sido exitosa, habría perjudicado grandemente la imagen del Gobierno y la Justicia chilena. Pero las cosas le salieron mal a Inés Lucía, quien fue esposada y obligada a vestir traje de reclusa lo que terminó tempranamente de convencerla de abandonar la petición de asilo. Fue deportada a la Argentina, y acompañada por un agente federal. Al final arribó a Santiago y fue arrestada. Probablemente recupere su libertad, hoy lunes, previo pago de una fianza. El riesgo que corre es que se la nieguen por su actitud de rebeldía.
La derecha que hasta ayer apoyó al general Pinochet lo ha abandonado definitivamente a su suerte y está más ocupada de resolver sus dilemas internos que de aparecer al lado de un personaje que le hace mala sombra. Es esta carencia de respaldo político la que también garantiza la tranquilidad nacional. Hubo tiempos en que cuando el general se enojaba sacaba los tanques a la calle para demostrar su fuerza y decisión. Aquella es historia pasada y hoy las fuerzas armadas en su conjunto han tomado debida distancia del acusado.
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