La justicia chilena ha condenado al ex cabo del Ejército nazi Paul Schaefer a 20 años de prisión por abusos sexuales contra 25 niños durante su mandato al frente de la Colonia Dignidad. Schaefer se encuentra encarcelado en Chile desde el 2005, cuando fue detenido en Argentina y expulsado a Chile.
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Efectivamente, Paul Schaefer enfrenta otro proceso judicial por supuesta complicidad en violaciones a los derechos humanos durante la dictadura del ex dictador chileno Augusto Pinochet. Este proceso sigue adelante, en él están implicados varios de los altos oficiales de la dictadura, así como el propio Pinochet. Jorge Tapia asegura que "veremos enjuiciados simultáneamente y ante el mismo tribunal a Schaefer como jefe de la Colonia Dignidad y a Pinochet como general y presidente de Chile en la época. No nos cabe duda que, con los cambios que la democracia ha traído a Chile, nuestro aparato judicial, nuestros tribunales y nuestros jueces están en condiciones de hacer verdaderamente justicia. A veces tarda la justicia, pero si se tiene fe, suele llegar".
La condena a Paul Schaefer ha sido acogida en Chile como un paso histórico en el camino hacia la justicia. Jorge Tapia cree que el ciudadano chileno medio confía en la labor que los jueces están realizando, aunque reconoce que en estos casos, como en todos los procesos judiciales, querellantes y querellados tienen que estar atentos a las alternativas que se pueden dar, en las que, a veces, por cuestiones formales, uno puede retroceder o perder un juicio contra un criminal que clara y rotundamente ha infringido la ley. La sentencia, opina Tapia, "marca un momento muy importante en el proceso de cambio de lo que la Justicia chilena fue bajo la dictadura y lo que ha llegado a ser en democracia". Eso sí, aún quedan heridas por cerrar que no se curan de la noche a la mañana. Tapia percibe que todavía hay en Chile puntos de vista distintos acerca de lo que significó el gobierno militar, las causas de su establecimiento y los problemas que le causó al país, particularmente en materia de derechos humanos, y lo cual puede incidir en la forma en que incluso los jueces interpreten la ley. Los magistrados pueden, no ya por presión ni por miedo sino por convicción, fallar en uno u otro sentido sin perjuicio de que la Corte Suprema formule informe sobre la forma en que se interpreta la ley. Jorge Tapia concluye que "la vigencia de la amnistía dictada por el propio Pinochet en 1978 seguirá creando problemas, no será un proceso rectilíneo y parejo, pero estamos avanzando con fuerza en la dirección correcta".
* Entrevistado Jorge Tapia, Decano de Derecho de la Universidad Arturo Prats de Iquique, ex-Secretario de la Comisión de Constitución y Justicia del Senado de la República.
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