El próximo 23 de mayo será una fecha importante para Sudamérica. En esa ocasión, Brasil quiere discutir en profundidad con sus vecinos del Sur la idea de crear un Consejo Sudamericano de Defensa. "Se trata de una necesidad geopolítica".
La maquinaria diplomática brasileña está a todo dar. Desde hace una semana, el ministro brasileño de Defensa, Nelson Jobim, viaja entre Argentina, Perú, Chile y Uruguay. Su objetivo: convencer a sus vecinos de las bondades de una alianza militar y defensa en el Cono Sur.
"No es sólo una alianza militar convencional, sino una alianza de diálogo entre los Ministerios de Defensa de América del Sur y los Gobiernos", explica Jobim.
La propuesta ya ha sido presentada a las autoridades de Venezuela, Guyana, Surinam, Colombia, Ecuador, Perú y Paraguay. Cada país ha sabido reaccionar a su manera, y si bien todos dicen estar interesados, debe profundizarse la viabilidad de dicha alianza.
El titular brasileño cerrará su gira con una visita a Bolivia, la próxima semana, tras lo cual, la idea del Consejo se discutirá oficialmente en la Cumbre de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR).
¿Qué se mueve detrás de esta propuesta de Brasil?
Las primeras respuestas apuntarían a que Brasil está nuevamente ensayando a ser el país más importante de la región, el que sabe intervenir, resuelve conflictos y calma las aguas en el mapa geopolítico del continente.
Jobim insiste en que "con la propuesta brasileña se busca reunir a los ministros del sector para discutir políticas conjuntas, la elaboración de libros blancos de Defensa, el entrenamiento conjunto e intercambio de personal y la articulación de las posiciones suramericanas ante los organismos internacionales".
"Podríamos discutir amenazas, conflictos asimétricos, narcotráfico y todo ese tipo de temas cuya articulación daría mucha fuerza al continente en contacto con los países del mundo. No buscamos formar una alianza militar clásica o un Ejército suramericano", explica el ministro brasileño.
Para darle más peso a su mensaje, Jobim viaja acompañado por el Comandante del Ejército de Brasil, el general Enzo Martins Peri, y el Comandanta Militar del Sur, el general José Elito Carvalho.
Pero la idea de una OTAN Sudamericana no es nueva. Se trata de un proyecto que la región acaricia desde hace varias décadas, y que aún no logra descender al terreno de lo concreto y lo tangible.
"Hoy en día es factible pensar en términos de una OTAN latinoamericana", explica Emilio Bianno, experto en Washington en temas de defensa latinoamericanos, pues, "el continente está despertando, dejando atrás las décadas de subordinación y dependencia de Estados Unidos".
"América Latina está adquiriendo más independencia y más relaciones internacionales. Esto se debe, en parte, al elevado precio de los bienes que estos países producen (...) y que son mercancías de enorme importancia para potencias que se están desarrollando, China e India, por ejemplo", explica Bianno.
¿Conviene la integración militar de América del Sur?
Biano opina que "sí conviene, pero depende del punto de vista con el que se mire".
De antemano se sabe que hay diferentes motivos políticos para esta alianza. Al igual que Bolivia, Hugo Chávez, de Venezuela, la quiere para oponerse a los Estados Unidos. Pero países como Argentina, Uruguay, Ecuador, Colombia o Perú tienen sus puntos de vista, no similares a los de Venezuela.
En todo caso, el fracaso de la OTAN Sudamericana estaría garantizado si la alianza se limita a un club de ideologías que no necesariamente representa a todo el continente.
Bianno considera que "siempre hay ideología política. La OTAN fue fundada como bloque en oposición a la Unión Soviética. Hay quienes se identifican con el mensaje del presidente Hugo Chávez, según el cual se puede crear una Unión Sudamericana en oposición a Estados Unidos. Pero es algo que no funcionaría por los lazos económicos, culturales y de migración muy estrechos entre Estados Unidos y muchos de los países de América Central y del Sur".
El éxito de la propuesta brasileña de una OTAN Sudamericana dependerá de que ésta refleje los intereses de todos los países que lleguen a componerla. Si, por el contrario, se imponen e interponen intereses particulares y fantasmas de pasillo, el Consejo no será más que un gran fiasco de una anunciada integración que no terminada de cuajarse.
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