Las divergencias respecto al impacto de los biocombustibles sobre la producción de alimentos y más apoyo para la agricultura familiar en América Latina son los ejes de las reuniones preparatorias de la XXX Conferencia Regional de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, FAO.
En las reuniones preparatorias para la XXX Conferencia Regional de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, FAO, que se celebrará esta semana en Brasilia, han empezado los debates previos con serias divergencias entre sus miembros. Las principales discusiones se dieron en relación con el impacto de los biocombustibles sobre la producción de alimentos. Participan en el encuentro delegaciones de 33 países latinoamericanos y del Caribe.
La Conferencia misma estará marcada por la preocupación que ha sembrado en el mundo el aumento de los precios de los alimentos y la amenaza de conflictos que esto acarrea.
Durante los debates, Bolivia, Cuba, Nicaragua y Venezuela, miembros de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) promovida por el Gobierno venezolano, reiteraron sus críticas a los carburantes agrícolas, de los que Brasil, anfitrión del encuentro, es uno de los principales productores y promotores del mundo.
Biocombustibles son la salida a la pobreza
Las discusiones se generaron durante una reunión en la que fue presentado un informe elaborado por el brasileño Guilherme Schuetz, funcionario de la oficina regional de la FAO. Este estudio admite que existen algunos riesgos, pero sostiene que pueden ser minimizados mediante tecnología y compromisos ambientales, y defiende que la producción de biocombustibles puede representar la puerta de salida de la pobreza para muchos campesinos.
Para el viceministro de Desarrollo Rural de Venezuela, Gerardo Rojas, los biocombustibles "pueden ser una alternativa energética", pero "primero es necesario garantizar los alimentos". Esta opinión fue compartida por las delegaciones de los países del ALBA que han rebatido con argumentos el informe de Guilherme Schuetz.
Equilibrio necesario
El representante de Brasil en la FAO en Roma, José Antônio Marcondes, defendió la producción de biocombustibles, pero ha reconocido que debe haber un "equilibrio entre seguridad alimentaria, seguridad energética y cambio climático".
Sobre este último aspecto, Marcondes relató que el uso de etanol en Brasil ha evitado "la emisión de 675 mil toneladas de dióxido de carbono en las últimas tres décadas". Según él, el problema principal es la pobreza, y no el biocombustible.
Por otro lado, las primeras discusiones de los grupos técnicos se centraron el lunes en la necesidad de fortalecer la pequeña actividad agrícola, a fin de minimizar los riesgos para las poblaciones campesinas con menos recursos. El jefe de la delegación uruguaya, Tabaré Bocalandro, alertó de la "persistencia del hambre y la desnutrición" en vastas regiones campesinas de América Latina y el Caribe, pese a los aumentos que se han registrado en la producción de alimentos en los últimos años.
Producción pecuaria
| Al otro lado del mundo, en Berlín, el relator especial de la ONU para el Derecho a la Alimentación, el suizo Jean Ziegler, dijo que "la producción en masa de biocombustibles representa un crimen contra la humanidad por su impacto en los precios mundiales de alimentos. Según su argumento, y el de otros críticos, esta tecnología reduce la superficie de tierras fértiles utilizada para la producción de alimentos en favor de cultivos destinados a fabricar biocombustibles, y eso ha contribuido al aumento de los precios de mantenimiento. |
Otro informe presentado durante la primera cita técnica muestra que la producción pecuaria latinoamericana tuvo el año pasado un valor de 79.000 millones de dólares. Según el mismo documento, Latinoamérica encabeza la producción mundial de carne bovina y avícola y de huevos, y es la tercera en cuanto a producción de carne porcina.
Datos de la FAO señalan, además, que la agricultura familiar es responsable de entre el 57 y 77 por ciento del empleo agrícola en América Latina y el Caribe y en algunos países alcanza cerca del 70 por ciento de la producción.
Sin embargo, la pobreza campea entre los pequeños agricultores, que necesitan de un mejor acceso a créditos y apoyo para colocar su producción en los mercados, pues están marginados de los grandes circuitos de distribución.
En ese sentido, los técnicos plantearon dar un mayor impulso al programa "América Latina y el Caribe sin Hambre" que la FAO adoptó en 2006 y que tiende a promover sociedades público-privadas para mejorar la vida de las poblaciones campesinas y también urbanas.
De acuerdo con documentos presentados en Brasilia, actualmente 52,4 millones de personas pasan hambre en América Latina y el Caribe, de las cuales nueve millones son niños menores de cinco años.
Este martes concluyen los debates técnicos de la XXX Conferencia Regional de la FAO y mañana miércoles se inaugura la fase ministerial, que concluirá el próximo viernes y deberá definir las acciones que la FAO impulsará en América Latina y el Caribe hasta el año 2010.
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