En Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, la semana ha empezado en un ambiente de expectativa. Se alistan los jurados electorales, se realizan marchas de apoyo de la juventud "cruceñista" a la consulta del 4 de mayo y se hace lo posible por no descuidar nada que ponga en peligro la organización del referendo autonomista.
Escuche la entrevista a Iván Arias*
Sin embargo, esta actividad pro-referendo en la ciudad contrasta con lo que se puede apreciar en las zonas rurales. Allí el ambiente es tenso y la población está dividida en torno al tema. Hay regiones donde la gente no se atreve, o tiene mucho cuidado, en manifestar lo que siente o piensa en torno a la consulta autonómica. Ese es el caso especialmente en los pueblos con fuerte población emigrante como Apacaní, fronterizo con Argentina, o San Julián, más al norte.
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Pero en las zonas rurales, la oposición a la autonomía departamental, como la formulada por los comités cívicos y por la que se votará el 4 de mayo próximo, es grande. Es en estas zonas empobrecidas donde el Gobierno tiene gran apoyo y donde se resiste más al planteamiento autonómico, que, según muchos, está diseñado para que los grandes hacendados conserven sus tierras y junto a ellas, sus privilegios.
Es también en estas zonas rurales donde se encuentra la población más pobre y necesitada del país. Recientemente una denuncia sobre trabajo esclavo en la región llevó, incluso, a intervenir a la Iglesia Católica boliviana cuya jerarquía se apresuró a desmentir la existencia de esclavos en el país. Los testimonios de familias que se vieron obligados a entregar a sus hijos en calidad de siervos a las haciendas para poder pagar las deudas contraídas con los dueños de estas, pusieron en figurillas al Cardenal Julio Terrazas, quien había negado enfáticamente la existencia del fenómeno en el oriente boliviano.
Los esfuerzos mediadores de la Iglesia Católica para entablar un diálogo entre opositores autonomistas y el Gobierno, tampoco llevaron a nada y en su homilía del pasado domingo Terrazas se limitó a pedir a la población deponer "toda actitud de violencia porque la conquista de las autonomías no debe significar el desprecio contra los otros".
Este martes, una misión de la Organización de Estados Americanos, OEA, encabezada por el argentino Dante Caputo, inicia una ronda de conversaciones con el Gobierno y los representantes cívicos de Santa Cruz, con el fin de encaminar un diálogo para evitar un derramamiento de sangre en el país. Aunque, a estas alturas, toda mediación en la polarizada Bolivia es bienvenida, pocos creen que la misión pueda obtener resultados concretos. Los representantes cruceños coinciden con el objetivo preliminar de la OEA de garantizar la paz social durante la realización de la consulta autonómica el 4 de mayo en Santa Cruz, pero al mismo tiempo los autonomistas del oriente no ven a la misión como un ente imparcial con el que se puede dialogar.
El 4 de mayo se presenta, entonces, como el día del miedo para los bolivianos. Con los comités cívicos muy atrincherados en la ciudad de Santa Cruz mientras entre la población se percibe temor y desconfianza.
Un ciudadano en San Julián declaró a un diario local "nosotros tenemos miedo porque sinceramente la gente como tal no tiene la culpa de nada (...). Creo que ese día no hay que salir de las casas".
*Iván Arias, analista político boliviano