En medio de una creciente simpatía internacional hacia la causa marítima de Bolivia, el presidente Carlos Mesa ha planteado a Chile una solución a la centenaria demanda de una salida soberana al Pacífico y, sobre esa base, el reencuentro de un destino común. La reacción de Santiago no ha sido muy entusiasta.
En las últimas semanas, los gobernantes de Venezuela, Cuba, Uruguay y el ex - presidente estadounidense Jimmy Carter, así como el secretario general de la ONU, Kofi Annan, se hicieron eco de la demanda boliviana, a pesar de los reclamos de la cancillería chilena. El presidente Mesa formuló su petición en el mensaje que dirigió a los bolivianos para informar, entre otras cosas, de la virtual quiebra técnica de la economía y anunciar la fecha, 28 de marzo, del referendo sobre el destino del gas natural, cuyo proyecto de exportación por puertos chilenos se convirtió en uno de los detonantes del conflicto de octubre pasado, que desembocó en la renuncia del ex presidente Sánchez de Losada.
Bolivia perdió 120.000 kilómetros cuadrados de litoral sobre el Pacífico después de la guerra de 1879, en la que combatió aliada con Perú contra Chile. El trasfondo de aquel enfrentamiento fue la riqueza natural, de salitre y guano, ambicionada por potencias extranjeras.
Más de cien años después, el encierro boliviano entre los Andes y la selva amazónica permanece como una herida abierta y es una de las causas de su subdesarrollo y un escollo para abrir mercados exteriores, por ejemplo, para el gas natural. La pérdida del acceso al Pacífico privó a Bolivia de vinculación clara con los circuitos de comercio internacional, frenó los movimientos migratorios y los flujos de capital. Otra consecuencia directa de la guerra de 1897 fue la pérdida boliviana de recursos importantísimos en la minería y el salitre, fertilizante que por entonces tenía un alto valor comercial.
El enclaustramiento geográfico es una de las causas del atraso económico, político y social, no solamente de Bolivia. Numerosos estudios de la ONU y de analistas como Jeffrey Sachs, han mostrado que existe una clara relación entre mediterraneidad y atraso. Varios de los países más atrasados en cada uno de los continentes son mediterráneos, con excepción de los europeos. Si alguna prueba faltaba para acreditar la importancia extrema que tiene la conexión soberana con el mar como condición de desarrollo, ésta ha sido la frustración de la exportación de gas (boliviano) al mercado de Estados Unidos.
Las reiteradas demandas bolivianas, a lo largo de más de cien años, han caído casi siempre en saco roto. Chile alega que no tiene pendiente ningún problema fronterizo con Bolivia y, las veces que se han abierto negociaciones, Santiago ha buscado amparo en un tratado suscrito en 1929, con Perú, según el cual ninguno de los dos países puede ceder territorios a terceros sin previo consentimiento del otro. Pero también existe el tratado de 1904, que cerró el litigio de la Guerra del Pacífico, cuyo centenario abre las puertas para una reconsideración de su contenido.
Chile siempre ha alegado que el tratado de 1904 resolvió el problema. El tratado es irrevisable y dado que no hay problemas pendientes con Bolivia, no hay nada que negociar. Si es así, me parece que lo más apropiado es decirle a Chile que si el tratado de 1904 cerró jurídicamente la posibilidad de un acceso directo y soberano de Bolivia al mar, entonces hay necesidad de revisar ese tratado.
La propuesta del presidente Carlos Mesa, que aparentemente se ha incluido en la agenda de la reunión de ex - cancilleres bolivianos que tuvo lugar este martes, puede convertirse en un nuevo intento en la larga búsqueda boliviana de volver al mar y cerrar así esta amarga herida que sigue abierta en el corazón geográfico de América Latina.
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