Bolivia es una nación enraizada en tradiciones. Más de dos tercios de la población se considera a sí misma como indígena. Cuando se trata de cuestiones de salud, es costumbre visitar a un curandero tradicional antes que a un doctor. Los nacimientos no son una excepción a esta regla, ya que las mujeres bolivianas prefieren parir en casa antes que entrar a un hospital.
Evitar las salas de maternidad proviene en parte del deseo de mantener prácticas centenarias, y de las comodidades que apareja el poder estar en la casa durante el difícil proceso del parto. Sin embargo, las dudas de las mujeres frente a los servicios médicos oficiales se basan también en un problema ampliamente reconocido tanto por los funcionarios médicos como por las madres: las rígidas prácticas de los hospitales, que ha menudo hacen sentir incómodas a las mujeres, especialmente a las indígenas.
Como resultado, tantas historias escalofriantes como nacimientos en hospitales en este país, el más pobre de Sudamérica. Los doctores raramente dan explicaciones a las mujeres sobre los aspectos prácticos del parto, como la dilatación o la contracción. A menudo, los médicos obligan a las mujeres a acostarse en la mesa para examinarlas, y poner las piernas en los estribos cuando el niño está a punto de nacer, sin informarles que hay otras posiciones en las que se puede parir de forma segura. Otro problema es que las clínicas más grandes colocan a varias mujeres en trabajo de parto en una misma habitación, y prohíben a todo visitante - incluyendo al marido, la madre, o la partera - permanecer incluso por un corto tiempo.
Resolución gubernamental
"Existen regulaciones para combatir estas prácticas", explica la doctora Carmen Cornejo, directora del SEDES, una sección del Ministerio boliviano de Salud. "Desde el 2001, rige una resolución del Gobierno que contempla 18 derechos diferentes de la mujer durante la labor de parto. Desafortunadamente, esta gestión no se ha concretado en el sistema de salud".
Entre estas regulaciones, se especifica que los doctores deben ofrecer a las mujeres la posibilidad de parir en diferente posiciones, ya sea de pie, acostadas o de cuclillas, y deben permitir la presencia de un miembro de la familia durante el trabajo de parto. Las regulaciones también exigen que se restrinja la aplicación de la episiotomía, una incisión quirúrgica realizada en el periné para agrandar la apertura vaginal, a menos que sea absolutamente necesario. También se le debe ofrecer la placenta a la madre una vez nacido el hijo. Los dos principales grupos indígenas en Bolivia, los quechuas y los aymaras, desaprueban que se descarte cualquier parte proveniente del cuerpo humano. De acuerdo a las costumbres, la placenta debe enterrarse para que regrese a la madre tierra, y se solicita a los doctores que brinden a las mujeres esta oportunidad.
La voluntad de la mujer
Aunque la mayoría de los doctores hace caso omiso a esta resolución, otros la respetan. "Lo que intentamos hacer es simplemente respetar los deseos de la mujer", afirma el doctor Víctor Conde, tocólogo del Hospital de La Paz, mientras comenta que a las mujeres les muestra imágenes de las diferentes posiciones en las que se puede parir. El galeno se refiere abiertamente de las regulaciones de 2001, y de su esfuerzo para llevarlas a la práctica. "Queremos que las madres sean libres para elegir la forma en que traen a sus hijos al mundo."
Los resultados de los esfuerzos del doctor Conde son notables. Las pacientes están visiblemente relajadas en su presencia, y dan fe de los beneficios emocionales que conlleva tener a alguien que, con el debido respeto, las conduzca en este difícil proceso. "El doctor Conde me hizo caminar y cambiar de posición cuando yo quería, y pienso que eso me ayudó mucho", comentaba Dora Andubidi, de 32 años de edad, sólo unos minutos luego de haber dado a luz. "Me sentí segura con él, y fue una buena experiencia."
Apoyo emocional
Los estudios muestran que el cuidado al paciente no sólo brinda más bienestar a la mujer, sino que también aumenta las posibilidades de que se produzca un parto seguro y natural. Según el Ministerio de Salud boliviano, cuando la mujer recibe apoyo emocional durante el parto, tanto por los funcionarios del hospital como por un miembro de la familia, la necesidad de practicar cesárea se reduce en un 32%, y de episiotomía en un 34%.
SEDES intenta cambiar la actitud de los doctores a través de talleres de sensibilidad cultural. También actualiza el currículo armonizándolo con la legislación actual y las regulaciones concernientes el cuidado del paciente. Pero el desafío es enorme, y los expertos afirman que el grupo no recibe el apoyo adecuado del Gobierno central del indígena Evo Morales.
La doctora Cornejo y el doctor Conde coinciden en que los cambios se van produciendo lentamente.
"Lamentablemente, nosotros los médicos terminamos transformándonos en máquinas", opina el doctor Conde. "A veces ni siquiera vemos a la persona, sino un número de cama o una historia clínica, o simplemente un útero. Es esto lo que debemos cambiar, tratando a nuestras pacientes como si fueran nuestra madre o nuestra hija. Todo se trata de empatía."
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Etiqueta: Bolivia, Carmen Cornejo, Dora Andubidi, embarazo, Evo Morales, Ministerio de Salud, mujer, niñez, parto, SEDES, Víctor Conde