Al intentar plantear cuál es la situación argentina en relación con la problemática nutricional, uno ubica a la Argentina en lo que los nutricionistas llamamos típicamente un país en transición nutricional. Esto es un país en el cual se da la situación paradójica de la existencia de muchos niños y hogares en condición de inseguridad alimentaria y, por tanto, problemas nutricionales por déficit o desnutrición o diferentes manifestaciones de desnutrición.
Paralelamente, de hecho en Argentina el problema nutricional más frecuente y más importante es el sobrepeso, u obesidad, que cruza transversalmente todos los segmentos sociales del país pero que tiene una tendencia a tener mayores tasas en la pobreza y no en la no-pobreza.
A través del Ministerio de Salud, en el año 2005, Argentina realizó por primera vez una Encuesta Nacional de Nutrición que abarcó a población de niños menores de 6 años y mujeres en edad fértil y embarazadas de todas las provincias de Argentina. La Encuesta Nacional de Nutrición ofrece un panorama muy rico en términos de estadísticas acerca los problemas nutricionales en Argentina.
Y, por tomar algunos de ellos, podemos decir que la desnutrición aguda, es decir en su manifestación más grave, chicos sumamente enflaquecidos, representa en nuestro país un 1,2 % de los menores de 6 años de edad. En Argentina hay aproximadamente 4 millones de niños menores de 6 años, por lo tanto estamos hablando de aproximadamente 40 mil chicos con bajo peso, compatible con una situación de desnutrición aguda.
Retraso crónico de crecimiento
Sin embargo, la manifestación más frecuente de desnutrición en Argentina no son el bajo peso y la desnutrición aguda, sino el retraso crónico de crecimiento, lo que nosotros a veces llamamos chicos petisos sociales, porque son chicos que, por haber nacido con bajo peso, haber tenido una lactancia inadecuada, haber comido mal durante el primer año de vida, y además de un montón de otras razones que no tienen que ver exclusivamente con los alimentos sino con los cuidados de salud, con los cuidados ambientales, con los cuidados en cuanto a su desarrollo intelectual, son chicos que van perdiendo oportunidades de crecer. En consecuencia, cursan su infancia y terminan su crecimiento allá lejos, en la adolescencia, siendo más petisos que lo que podrían ser. Son chicos que no revisten un cuadro agudo de desnutrición, pero manifiestan una serie de desventajas desde el punto de vista de su estado de salud. Estos niños con desnutrición crónica representan aproximadamente el 5 % de los chicos menores de 6 años en Argentina.
Y, como comentaba antes, en la otra escala de lo nutricional, el sobrepeso y la obesidad representan en chicos menores de 6 años de edad, el 10 % de los chicos, porcentajes que son mayores aún en chicos en edad escolar, en edad adolescente. Vale decir, la obesidad es un problema más importante que la desnutrición, pero que se da en la pobreza. Los chicos pobres no necesariamente son muy flaquitos sino justamente gorditos, a causa de una mala alimentación, de una dieta muy pobre en calidad pero generosa en cantidad. Los chicos comen grandes cantidades de comida pero de mala calidad y, terminan siendo gorditos, pero a la vez esa obesidad, ese sobrepeso, encubre una serie de deficiencias nutricionales que también tienen. Yo no conté antes, pero por ejemplo -también con datos de la Encuesta Nacional de Nutrición- un 35 % de los chicos menores de 2 años en Argentina sufre anemia por deficiencia de hierro. Éste es un porcentaje muy alto de anemia por deficiencia de hierro. Un porcentaje también importante de los chicos argentinos tiene déficit de calcio a causa de un bajo consumo de lácteos.
Así mismo, un alto porcentaje de chicos tiene un bajo consumo de vitamina C a causa de una baja ingesta de frutas y hortalizas. Vale decir, los chicos, si bien tienen un cuerpo aparentemente gordo, y de hecho no es aparente sino que realmente están excedidos de peso, esa obesidad cursa a la vez con una serie de deficiencias nutricionales. Y esto es lo que conforma este concepto, al cual yo me refería al inicio, de un país en un proceso de transición nutricional, con un mix de problemas nutricionales que tienen que ver con una dieta muy monótona, de baja calidad, pero no necesariamente escasa sino más bien abundosa.
Evolución de los datos en los últimos años
La Encuesta Nacional de Nutrición vino a poner un dato oficial y muy bueno cuando ya teníamos, tanto nosotros desde CESNI como otros grupos de estudio de la situación nutricional, varios estudios que daban cuenta del panorama que la propia Encuesta luego demostró. Desde hace algunos años sabíamos que en Argentina la desnutrición aguda no es el problema nutricional más importante, que los chicos tienen retraso de crecimiento, de manera tal que la forma más frecuente de desnutrición es la forma crónica. Habíamos investigado durante varios años y en varias provincias de Argentina el problema de la anemia, y nos habíamos encontrado con porcentajes similares o aún mayores de los que la Encuesta Nacional de Nutrición luego halló. Y también veníamos destacando desde diferentes estudios la importancia que iba adquiriendo el problema del sobrepeso y al obesidad en niños. Vale decir que tenemos un cuerpo de documentos, tanto oficiales como la Encuesta Nacional de Nutrición y también otros estudios realizados por nosotros y otros grupos, que dan cuenta de una fotografía nutricional similar. Incluso, los número de tasas, o prevalencias, no difieren mucho entre los estudios. Con lo cual estamos muy seguros, quienes estamos en nutrición, que estamos planteando estos problemas: obesidad, desnutrición crónica, anemia y deficiencia de algunos micronutrientes, son definitivamente los problemas nutricionales que tenemos que enfrentar.
Políticas públicas adecuadas para enfrentar los problemas
La respuesta que las políticas públicas, en definitiva, vienen planteando en relación con estos problemas, creo yo y creemos en CESNI, es una respuesta un tanto desarticulada. Creemos que hay algunas buenas intervenciones y, paralelamente, algunas intervenciones que merecen una profunda reformulación. Por citar algunas de las primeras, creo que es innegable el valor que tiene, por un lado, la fortificación de la leche. Desde hace décadas en Argentina, el Ministerio de Salud distribuye a todos los chicos menores de 2 años, y a las mujeres embarazadas, leche. Y desde hace cinco o seis años atrás, a raíz de la preocupación que todos, incluido el Estado, tenemos por la problemática de la anemia, la leche que se distribuye es fortificada con hierro, zinc y vitamina C. Con lo cual esto conforma una muy buena respuesta porque obviamente la alimentación de los chicos menores de 2 años, que son los que tienen más anemia, es fundamentalmente láctea, por lo que la leche constituye un excelente vehículo para fortificar con hierro la dieta. Y por otra parte, desde hace también cuatro o cinco años, hay una ley nacional que obliga a fortificar con hierro, ácido fólico toda la harina que consumimos bajo la forma de panificados, pensando en las mujeres en edad fértil, y con vitaminas del complejo B. Estos son ejemplos de dos buenas intervenciones. Creo que, cuando uno mira el conjunto de programas alimentarios, que en Argentina se basa fundamentalmente en distribuir alimentos en bolsas, en cajas, distribución de alimentos a la población, encontramos un punto en el que consideramos urgente una profunda reformulación. Porque, en definitiva, notamos que la respuesta desde el punto de vista de los alimentos de estas intervenciones nutricionales o estos programas alimentarios, en lugar de mejorar la calidad de la dieta que tiene la gente pobre que recibe estos programas, por el contrario, les suministran alimentos muy similares a los que ya conforman su patrón alimentario. Con lo cual no solamente no resuelven los problemas de deficiencia, sino que además agravan los problemas de sobrepeso y obesidad en gente pobre.
Nuevas modalidades de ayuda
Creo que, después de mucho tiempo de que varios que venimos estudiando este tema hemos venido abogando por nuevos formatos y esquemas y filosofías de programas alimentarios, ahora algunos gobiernos provinciales están empezando a generar mejores políticas en este sentido. Es el caso, por ejemplo, tanto de la ciudad como de la provincia de Buenos Aires. Lo que hacen es distribuir una tarjeta alimentaria, tipo una tarjeta de débito, con la cual las familias beneficiarias van a los comercios y compran alimentos. Ésta es una modalidad mucho más efectiva de hacer asistencia alimentaria.
Lo hemos estudiado y, contrariamente a lo que muchas veces se opina, la gente pobre, cuando dispone de un poder de compra como por ejemplo una tarjeta de débito para comprar alimentos, no necesariamente compra mal sino todo lo contrario: tiende a hacer una dieta más diversificada y de mejor calidad nutricional. Obviamente que estos programas tienen que ir acompañados de una buena cuota de educación alimentaria, orientación para hacer una compra responsable de alimentos. Pero creemos que de todas maneras son programas mucho mejores en su potencial impacto en la dieta que los programas que distribuyen alimentos. Éstas son algunas de las políticas que es necesario reformular. Creo también que, desde las políticas públicas, es bien urgente reformular los programas de comedores escolares que hay en todas las provincias y a través de los cuales se les da de comer a chicos generalmente pobres. Y estos programas de comedores escolares también tienen estos mismos vicios, en el sentido de que el diseño de las comidas que se les brindan a los escolares es un diseño que privilegia la cantidad de comida por sobre la calidad.
También es importante considerar otras intervenciones desde el ámbito de la salud, por ejemplo. Todo aquello que se haga en materia de una captación temprana del embarazo, cuidados y controles del embarazo, va a influir definitivamente, para bien o para mal, en la salud y nutrición de la madre y del chico por nacer. Con lo cual, ahí tenemos también otro espacio de intervención en los que las políticas gubernamentales, si bien han avanzado, si se compara la situación de hace 15 ó 20 años atrás, opino que todavía tienen un importante camino por recorrer. En definitiva, creo que Argentina tiene una deuda pendiente en materia de darse una política de Estado en relación con la problemática alimentaria, que cubra no solamente los problemas nutricionales por déficit, sino también los problemas por exceso que ocurren en la misma población.
* Sergio Brito es licenciado en Nutrición
Etiqueta: alimentación, Argentina, desnutrición, niñez
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